Normas básicas de abordaje de la Enuresis

No existe un único tratamiento de la enuresis, ya que se trata de un trastorno multifactorial. Salvo las medidas generales de actuación, no conviene instaurar ningún tratamiento antes de los 6-7 años, y en cualquier caso, hay que tener en cuenta cuál es la actitud, tanto de los padres como del niño, ante la enuresis.

Actitud del niño ante la enuresis:

La respuesta del niño es variable según la edad. Al principio, no le importara hacerse pis en la cama. Después empieza a preocuparse, en parte debido a la ansiedad que muestran sus padres. Por el contrario, puede reaccionar de forma transgresora para llamar la atención o imponer sus criterios.

Cuando el niño tiene más edad se acaba desanimando, al ver que no mejora y sobre todo, al percatarse de que la enuresis le condiciona sus salidas (ir de excursión, dormir en cada de un amigo, etc.) llegando a avergonzarse cuando está con otros niños y tener una baja autoestima. De hecho, el niño suele pedir a sus padres que mantengan la situación en secreto.

Si el tratamiento resulta efectivo, suelen tomar enseguida una actitud de compromiso y satisfacción ante los resultados. Se debe fomentar una actitud de reconocimiento ante los pequeños éxitos.

Actitud de los padres ante la enuresis:

La respuesta de los padres ante la enuresis de sus hijos es igualmente variable. Abarca desde ignorar el problema, hasta mostrar una preocupación excesiva.

A mayor ansiedad, la probabilidad de que el situación se resuelva se reduce. Es preciso asumir el problema con paciencia, evitando burlas, castigos o humillaciones, que empeorarían aún más el problema. A la mayoría de los niños les da vergüenza hacerse pis, por eso resulta necesario que la familia lo apoye. Tampoco conviene tratarle como si fuera un bebé, sobreprotegiéndolo. En estos casos, los niños pueden encontrar satisfacción al recibir por parte de sus padres las atenciones del cambio por la noche, cuando se despiertan mojados.

Primero afrontar y después premiar los adelantos y el esfuerzo del niño:

Lo ideal es intentar que el niño entienda que no pasa nada si aparece por la mañana mojado, pero que hay que intentar que ésto no ocurra. El conocer que otros están o han estado afectados igual que él, le ayudara a enfrentarse con la enfermedad. También les consuela el saber que otro miembro de su familia ha tenido el mismo problema.

Normas básicas de actuación

Existen una serie de medidas físicas simples y conductuales que no garantizan que el niño deje de orinarse, pero que pueden ayudar. Entre las primeras podemos distinguir:

1. Ingestión de líquidos.
Evitar que el niño beba líquidos en las dos horas previas a acostarse. Igualmente hay que tener en cuenta el tipo de cena que realiza, para que no sea muy salada, lo que provocaría un deseo de beber agua en las horas posteriores. Por el contrario, resulta beneficioso que el niño beba abundante líquido durante el día, e intentar animarle a que intente "aguantar el pis". A la inversa, al niño que tienda a aguantar mucho durante el día sin orinar, y sin embargo, se haga pis por las noches, se le animará cada dos horas a ir al baño.
2. Ejercicios de entrenamiento vesical.
Resulta muy beneficiosa la realización de ejercicios de entrenamiento vesical, consistentes en interrumpir el "chorro de orina" unos 10 segundos y después volver a orinar varias veces en la misma micción. Lo ideal es plantearlos como un juego para que el niño se interese. Están especialmente indicados en los niños que van muchas veces a hacer pis durante el día, casi siempre en pequeñas cantidades, y que sufren escapes frecuentes por la noche.
3. Orinar antes de ir a la cama.
4. Uso de calzoncillos y braguitas absorbentes.
El uso de este tipo de productos en niños con enuresis resulta una opción higiénica adecuada, especialmente en invierno. Su utilización puede evitar que sientan vergüenza o fracaso al despertarse mojado. En cualquier caso, con o sin, el niño debe de ser el encargado de cambiarse de ropa, quitarse la braguita y tirarla a la basura o llevar las sábanas a la lavadora. No como castigo, sino aprendiendo a ser responsable.
5. Explicar funcionamiento y control de la micción.
En niños mayores, puede ayudar el explicar cómo funciona la micción y su control, en casa o en la consulta del pediatra, por ejemplo con una lámina de anatomía.
6. Solucionar los factores psicológicos desencadenantes cuando sea posible.

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